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La verdad sobre la Inteligencia Artificial

Inteligencia Artificial o IA es un término que nos ha estado rondando desde hace ya algunas décadas, sin embargo, han sido algunos titanes de la tecnología los que lo han hecho saltar de nuevo a primer plano. Elon Musk, Stephen Hawking o Bill Gates han destacado siempre sus potenciales riesgos, Musk fue incluso más allá al señalarla como “la mayor amenaza para nuestra existencia” y la cosa no se detiene ahí, sino que además donó 10 millones de dólares a la investigación dedicada a mantener la IA de forma segura.

En el día a día, existen multitud de ejemplos en los que los ordenadores condicionan nuestra rutina: cada vez que salimos de un parking y una maquina nos identifica validando o no nuestra salida, o  cuando pedimos un préstamo o un crédito y recibimos una respuesta, fruto  de todo un proceso de búsqueda de información sobre nosotros que realiza el equipo para poder determinar si se nos aprueba o deniega el crédito.

No hemos de olvidar que hace solo unas décadas, los ordenadores ni siquiera podían ver, leer o decidir. A día de hoy, nos encontramos en un momento en el que la Inteligencia Artificial, que puede dividirse en visión artificial y sistemas expertos, se encuentra en pleno desarrollo.

Pensemos ahora en las tareas que realizamos en el día a día como conducir, traducir idiomas o reconocer las caras de la gente, algún día, los ordenadores cogerán el timón y nos ayudarán a llevar a cabo de manera más eficiente todas estas tareas cotidianas.

Sin embargo, todas estas aplicaciones se encuentran todavía en fase de prototipo, precisamente por esto se les considera Inteligencia Artificial. Una vez que estas formen parte de nuestro día a día (y lo harán) se convertirán en productos básicos, tal y como lo han hecho el procesador de textos o la hoja de cálculo.

¿Deberíamos temer a los robots asesinos?

Al igual que con la mayoría de las cosas, es importante calcular los riesgos frente a los beneficios de desarrollar nuevas tecnologías relativas a la IA, aunque a veces, sea difícil de determinar. Por ejemplo, vamos a considerar las dos formas principales en las que la IA podría afectar a los seres humanos en el futuro y la magnitud que podrían alcanzar las consecuencias.

  • Riesgo de perder la vida: Las probabilidades de que esto suceda son mínimas. Incluso aunque los ordenadores adquiriesen el rol de conducir nuestros coches, aviones o trenes, estos harían un buen trabajo. El objetivo sería minimizar los posibles errores humanos, como conducir ebrio, lo que se traduciría en un menor riesgo de sufrir accidentes.
  • Riesgo de perder nuestro trabajo: En este caso las probabilidades son bastante más elevadas. La Inteligencia Artificial realizará cada vez más y más tareas que harán que la mano del hombre sea innecesaria en muchos casos, lo que podría conllevar la eliminación de muchos puestos laborales existentes en la actualidad. Por otro lado, esto nos daría la libertad de redefinir nuestros trabajos. Mientras que la gente siga demandando creatividad y cosas nuevas, existirá la necesidad de contar con mano de obra humana.

Hay, sin embargo, un escenario bastante particular que podría ser letal para los seres humanos y que debemos encargarnos de mantener bajo control. Imaginemos que tenemos ordenadores equipados con IA, sistemas o software capaces de hacer las siguientes cosas:

  • Robots que son capaces de construir nuevos robots por sí mismos.
  • Robots que pueden construir nuevos robots en cualquier lugar (sin necesidad de fábricas ni infraestructuras).
  • Robots que pueden construir nuevos robots diferentes a ellos (los nuevos robots se podrían comportar de manera distinta a sus creadores o ser diferentes en cuanto a aspecto).

Estas tres circunstancias podrían crear un escenario ideal para una evolución robótica por medio de la selección natural. Si estos robots empiezan un viaje revolucionario, lo único que podemos esperar es que no consideren a los humanos como amenazas o competidores, porque si lo hiciesen, existiría la posibilidad de que asistiésemos al final del Homo Sapiens.

La buena noticia es que la tecnología está actualmente lejos de alcanzar este punto. Creo que estamos a décadas de llegar a ese nivel tecnológico, así que aún tenemos tiempo de prevenir y prepararnos para esta situación. Con la cantidad de mentes brillantes invirtiendo tiempo y dinero en asegurar que las máquinas no se conviertan nunca en una amenaza existencial, puedo decir con confianza que esta es la última cosa que me quita el sueño por las noches.

Jordi Torras, Ceo y Fundador de Inbenta.

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