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Cliente, adiós

adiosEn este mundo en el que vivimos, la proliferación de profesionales y los precios son un elemento significativo a la hora de hablar y de trabajar con un cliente, pero, también lo son otros como pueden ser el buen feeling entre él y nosotros, o su forma de ver las cosas.
A veces nos enfurruñamos y pensamos que hay que trabajar con una persona a cualquier precio, y, en este ámbito, como en otros muchos, mi madre tenía razón cuando decía “si tiene que volver, volverá”. Simplemente, hay ocasiones y momentos en los que debemos echar el freno y pensar si trabajar con un cliente nos beneficia o nos perjudica, así que frena, y piensa si te compensa trabajar con ese cliente con el que es un dolor de cabeza trabajar.
Es un gustazo trabajar con algunos clientes, pero con otros, madre mía, es una auténtica pesadilla en la oficina. El mal cliente te puede costar tiempo y dinero, así que, ¿no es mejor dejar que se vaya, o en algunos casos, invitarle a irse? Puede no merecer la pena todo el esfuerzo, el stress que te causa y el desgaste de tu marca.
Algunas preguntas que te puedes plantear implican pensar si realmente este cliente es parte de tu equipo. Es posible que un cliente hable bien de ti a otros y que eso te genere más clientes, pero si no es el caso, o si no te recomienda en redes sociales o con otros amigos, bueno, tal vez sea hora de pensar en que se vaya. Hay ocasiones en las que se surge la oportunidad de que te dé el crédito que mereces a la hora de realizar una campaña o promoción, o se hace necesario que puedas decir en algún momento que has trabajado para el y qué es lo que has hecho. El buen cliente no debería ponerte problemas, pero el malo te pondrá todas las trabas del mundo.

Sin duda, la retribución que recibes por tu trabajo es indispensable a la hora de pensar si seguir trabajando o no con un cliente. Si no te paga de acuerdo al trabajo que realizas o no respeta el acuerdo económico al que llegaste, es hora de dejarle marchar, libre como el viento. Además, muchas veces ocurre que algunos clientes, una vez el proyecto está en marcha, te piden cosas que no estaban en presupuesto, eso es mala señal.

Otra mala señal es que no pague las facturas en el lapso de tiempo acordado, o que tengas que perseguirlo. No puedo pensar ahora mismo en cuántas veces he tenido que hacer esto, o peor aún, que decida que no te va a pagar y listo.

Aunque no es una gran idea, a veces nos tenemos que quedar con un cliente porque no podemos reemplazarlo por otro, o porque necesitamos el dinero. También es posible que nos sintamos mal dejando a un cliente y que no queramos enfrentarnos a él, pero a veces es necesario poner límites. Somos profesionales y tenemos que hacer nuestro trabajo.

Y, por si no fuesen necesarias estas razones para repensar la relación laboral con un cliente, te doy algunas más.

Otro motivo más es estar trabajando en un campo o de alguna forma en la que no estamos cómodos, por ejemplo, realizando una comunicación unilateral en la que lo único que promocionamos son nuestros servicios y productos, olvidándonos de interaccionar con los demás.

No sé a vosotros, pero para mi una de las razones para dejar a un cliente es que sea desconsiderado con el trabajo que realizo o conmigo a modo personal, creo que, ante todo, la relación cliente- profesional debe ser correcta, y otra, que no me proporcione los materiales que le pido y que necesito para hacer mi trabajo, por ejemplo, que tarde mil años en responder a un correo.

En esta misma línea, hay clientes que necesitan un poquito más de cariño que otros, pero claro, esto no tiene que ser necesariamente negativo, todo depende de lo que haya detrás: si hay una buena relación, si te paga bien…

Hay muchos motivos para decir adiós a un cliente. ¿Cuáles son las tuyas?

 

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