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El eje económico se mueve hacia el Pacífico

“El eje económico se está trasladando al Pacífico. Si queremos que el comercio, pero también la cultura y los valores occidentales sigan marcando las reglas del juego, Estados Unidos y Europa tendrán que ir de la mano”. Así de contundente se mostró Pablo Zalba, portavoz adjunto del Parlamento Europeo en la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios, durante la conferencia “TTIP y los mecanismos de resolución de controversias inversor-Estado”, celebrada en ESADE Madrid.

El evento, organizado por ESADEGeo y Political Intelligence, tenía como objetivo valorar el “Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversiones” [Transatlantic Trade and Investment Parntership – TTIP] que se debate esta semana en Washington en séptima ronda de negociación. Un tratado que, en palabras de Enrique Verdeguer, director de ESADE Madrid, “aún le falta definición”: “Es un acuerdo muy relevante pero todavía no se han evaluado bien sus beneficios y está generando mucha controversia en bastantes países”.

Esta controversia radica en la falta de acuerdo para resolver las diferentes barreras (arancelarias, no arancelarias y de resolución de conflictos) que cada Estado pone a los intercambios comerciales transatlánticos y que, según comenta de Zalba, tendría que tener una rápida resolución. Ya no solo por interés geoeconómico y geopolítico, sino también por cuestiones domésticas: “Reino Unido no abandonaría la UE y se crearía empleo sin necesidad de gasto público. Dos millones de empleos, 300.000 de ellos en España”.

Medidas no arancelarias

Javier Valiente, socio director de Political Intelligence, insiste en esta línea: “Según diferentes estudios, un acuerdo de esta magnitud generaría un aumento del 0,5% de del crecimiento del PIB en la UE y de un 0,4% en Estados Unidos”. Y no lo haría sólo a partir de la supresión de aranceles, sino también de diferentes trámites ahora duplicados. En este sentido, “el sector del automóvil sería uno de los más beneficiados, seguido del transporte en general”, comenta Valiente, no sin obviar la polémica que suscita la cuestión de la homologación entre países. “No tendrían por qué socavarse las garantías de seguridad ni en este ámbito ni en otros. Estamos hablando de bajar las barreras económicas, no de calidad”, explica.

Álvaro Schweinfurth, director adjunto de Política Exterior y de Relaciones Multilaterales de la CEOE, defiende en este sentido “un libre mercado en el que los servicios y los profesionales, por ejemplo ingenieros, abogados y médicos, puedan moverse a uno y otro lado del Atlántico”. “El objetivo no es homogeneizar la normativa, sino evitar duplicidades a través de sistemas de homologación”, argumenta.

Resolución de conflictos

Arturo Gonzalo, director corporativo de Relaciones Institucionales y Responsabilidad Corporativa de Repsol, se centra en el tercer apartado del acuerdo, el relativo a la negociación de conflictos entre empresa y Estado [denominado internacionalmente como ISDS]. No en vano, esta compañía tuvo que enfrentarse a la expropiación de su filial en Argentina [YPF] por nacionalización dada la falta de regulación ante este tipo de situaciones: “Necesitamos un sistema europeo de protección de inversiones que nos proporcione un respaldo político y jurídico para llegar a los mejores acuerdos”. “En ese sentido, nos da miedo la amplísima oposición al ISDS que se está asentado y Europa no tiene construido ningún mecanismo para hacer cumplir las normas”. “El eje de la economía se va hacia Asia, Mercosur está en parálisis y Europa no debe permitirlo”, concluye.

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