Marketing

La nostalgia continúa siendo un gran impulsor de ventas

Durante el Mobile Worls Congress, celebrado la semana pasada en Barcelona, Nokia ha sorprendido a todo el mundo con el lanzamiento de un revival, el Nokia 3310 que muchos tuvimos hace 15 años, cuando todavía los smartphones no habían hecho su aparición en nuestras vidas. Un terminal que no se esperaba que captara la atención de los medios en la medida que lo ha hecho ni que generara tantos comentarios en las redes sociales. Y es que el Nokia 3310 solamente permite hacer y recibir llamadas, enviar SMS y, por supuesto, jugar a la serpiente.

¿Qué es lo que lo ha conevertido en uno de los protagonistas indiscutibles de la feria? Más allá de su inbatible batería y de su bajo precio (50 euros), su éxito radica en ser algo que los medios y los consumidores ya conocen. Se trata de una versión del antiguo móvil de la firma que es conocido en todo el mundo y que se ha convertido en el referente de móvil duradero y resistente. Por eso, a pesar de no ser un teléfono inteligente, es nuestro móvil tonto al que todos amábamos y al que hemos seguido amando tanto tiempo.

NostalgiaLo que Nokia quería era lanzar un terminal ultrabásico con el que complementar el móvil habitual. Aquel que podemos utilizar cuando queremos desconectar del mundanal ruido. Pero más allá de eso, el terminal es también un claro ejemplo de cómo el poder de la nortalgia y el valor que le damos a esos productos sigue siendo una de las estrategias de marketing más efectivas. Las empresas han empezado a entender como la nostalgia mueve el mercado y están comenzando a posicionar diferentes productos en este terreno.

De hecho, Nokia no es la única que ha aprovechado el potencial de la nostalgia para traer un producto del pasado que había quedado obsoleto. También Nintendo ha presentado recientemente una versión de su consola de la década de los 80. También ha vuelto el teclado tradicional de la BlackBerry en un nuevo modelo.  Y marcas como Pepsi han recuperado sabores de ediciones limitadas.

Todo esto está ocurriendo porque la nostalgia es actualmente un valor al alza, en una cuestión cada vez más importante para entender por qué los consumidores buscan ciertos productos. Muy ligado a lo emocional. Los consumidores utilizan cada vez más las emociones como motor de consumo, siendo un factor decisivo en muchas de sus decisiones de compra. Y si  tenemos que destacar un grupo demográfico entregado a los recuerdos ese es, sin duda, el de los millennials.

Las marcas no han querido desaprovechar esta oportunidad y han aprendido a sacarles partido. La nostalgia les ayuda a conectar con los consumidores y, sobre todo, a captar cada vez más su atención en un mercado cada día más aturado de mensajes, productos y ofertas. Es mucho más fácil destacar entre la competencia apoyándose en lo que el consumidor ya conoce y valora, por lo que la mitad del trabajo ya está hecho.

No obstante, no se trata solamente de una cuestión de imagen y de conectar con los suaurios, sino también de una estrategia para posicionar la marca. Y es que los clientes no solamente buscan este tipo de productos, sino que además están más dispuestos a gastar más dinero. Esto explica porque en los últimos años el mercado se haya visto invadido por multitud de productos de estética retro.

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