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Primero escuchar y después opinar

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Desde que éramos pequeños nos llevan repitiendo la importancia de escuchar antes de hablar. Pero lo que en realidad ocurre es que somos tan impacientes por decir nuestra opinión, que muchas veces pasamos por alto lo que los demás quieren decirnos.

Esto es un inconveniente que puede traernos numerosas desventajas a nivel tanto personal como profesional. Y es que podremos imaginarnos la reacción de los asistentes a una reunión importante que son constantemente interrumpidos por alguien que, ansioso por decir lo que piensa, no deja de lanzar ideas sin sentido.

Lo que ocurre es que nuestra mente crea asociaciones en función de lo que conocemos o vamos escuchando. Cuanto más escuchamos, mayor probabilidad hay de que la idea que surja en nuestra mente se vea mejorada.

En el caso anteriormente citado, podemos estar casi seguiros de que la idea que surja al principio será pulida con el paso de los minutos. Esto se debe a que tendremos la oportunidad de conocer la opinión profesional de otros, todo ello podrá ser utilizado a nuestro favor.

Sin embargo, debemos ser conscientes de que hay un momento en el que debemos hablar puesto que en caso contrario corremos el riesgo de que la temática discutida sea cambiada.

Lo que debemos tener en cuenta es que nadie nos robará la idea, no debemos tener prisa por decir lo que pensamos tan solo por el miedo que alguien pueda decirlo antes que nosotros.

En definitiva, escuchar es mejorar las ideas que tenemos en mente con el propósito de alcanzar la creación de algo que de verdad creará buena impresión en todos los que reciben la información que emitimos. 

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