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Riesgos de la Inteligencia Artificial

El viernes llegó a los cines en España ‘Ex machina’, una película de ciencia ficción que imagina un mundo en el que los robots piensan y sienten como seres humanos. Ante la controversia –y también preocupación- que la temática ha suscitado, así como la hipótesis de que lo que hoy es fantasía mañana podría convertirse en realidad en un mundo cada vez más informatizado, los responsables de la compañía norteamericana, Rocket Fuel, han analizado tanto las ventajas como los riesgos del creciente poder de la Inteligencia Artificial.

El Director Tecnológico de Rocket Fuel, Mark Torrance, especialista en Inteligencia Artificial por la Universidad de Stanford y el MIT, ha incidido en la necesidad de que las empresas y las personas se preparen para un mundo en el que las máquinas tengan mayor autonomía. “Algunos pensadores imaginan escenarios apocalípticos en los que la Inteligencia Artificial se propague sin control alguno, hasta el punto de superar la capacidad de la inteligencia humana. Estoy de acuerdo con algunos de estos expertos en que hay que empezar a planificar y a desarrollar una serie de protocolos y normas de actuación para los investigadores e inventores que trabajan con Inteligencia Artificial, para evitar que la ficción algún día se transforme en realidad.”

Según el CEO de Rocket Fuel, George John, experto en lnteligencia Artificial por la Universidad de Stanford y ex científico de la NASA, no deberíamos estar preocupados mientras los sistemas basados en Inteligencia Artificial no tengan derecho a tener o controlar la propiedad sin la autorización y supervisión humana. “A modo de ejemplo, los robots de Rocket Fuel gastaron aproximadamente 175 millones de euros el año pasado, sin embargo, sabemos a qué se dedican, que no es más que comprar espacio en los medios, por tanto podemos confiar en que no van a destinar ese dinero a financiar algún tipo de rebelión de las máquinas”, comentó el ejecutivo.

“Los sistemas de Inteligencia Artificial no son personas y no se les puede atribuir responsabilidad legal por sus acciones. Si un robot se equivoca, es responsabilidad del fabricante u operario. Sin embargo, si los robots empiezan a actuar con un mayor grado de autonomía, desde luego será motivo de preocupación, ante todo para los accionistas de las empresas. En este contexto es fundamental monitorizar todos los sistemas basados en Inteligencia Artificial para identificar y señalar cualquier tipo de comunicación desestructurada entre máquinas y seres humanos”, concluye John.

Para Mark Torrance, es inevitable que a medida que las máquinas avancen en su capacidad de desarrollar con mayor rapidez y eficacia actividades que hasta ahora realizaban seres humanos, se reducirá el valor económico del trabajo humano. “Tendremos que volver a evaluar la manera con la que damos valor al trabajo y la creatividad humana, y pensar en cómo tendrá que adaptarse la economía si no se puede retribuir la actividad humana de la misma forma con la que se hacía en el pasado. Se puede ser pesimista o nihilista sobre este escenario, sin embargo, no nos queda otra que verla como una oportunidad para cambiar nuestra manera de hacer las cosas y para afrontar con entusiasmo las consecuencias de esta transformación”, concluye Torrance.

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